La Verdad Perdida de los Yoruba PDF Imprimir E-Mail

Vivimos en un mundo donde a lo complejo se le suele otorgar más valor.  Mientras más costoso y psicodélico es nuestro automóvil, nuestra televisión o nuestro celular, más atractivos parecen. Sin embargo, cuando uno adquiere una onza de sabiduría, uno se da cuenta de que las Verdades más grandes son las más sencillas.  

La esencia de las cosas radica en su naturaleza y energía, no en los accesorios.  Esto es particularmente cierto en la filosofía yoruba y su comprensión de la naturaleza.

¿Cuál es esa Gran Verdad que los sabios y sabias yoruba descubrieron?

Es que:

Todo aspecto de la Naturaleza presenta un constante movimiento dinámico diseñado para lograr, o mantener, el Equilibrio.  Una tormenta disipa el exceso de calor; un terremoto remueve el exceso de presión tectónica, las horas de oscuridad o de luz señalan el reposo o despertar de los árboles, plantas y animales para que pueda existir un entorno habitable.

Los yoruba observaron, sintieron y entendieron el poder y la necesidad de un equilibrio entre las cosas.  Por eso, cuando por periodos cortos la Naturaleza parecía sufrir un desequilibrio, ya fuese por sequías, fuegos forestales, inundaciones o calor excesivo,  todos los habitantes del área sufrían.  Sólo después de que la Naturaleza corregía de forma dinámica su desequilibrio es que las personas recobraban su salud y seguridad. También constataron otra Verdad crítica: Todos los seres vivientes del planeta logran su propio equilibrio como resultado del equilibrio de la Naturaleza!

Por un lado esto es fácilmente comprensible y lógico. Si nuestras cosechas son destruidas por la sequía, nuestras casas por las inundaciones y nuestros hijos mueren como resultado de ello, nuestras vidas sufren grandes desequilibrios.  Cuando la Naturaleza recobra su propio equilibrio, entonces nosotros podemos recobrar el nuestro.  Pero por otro lado, los yoruba también se dieron cuenta de que así como la energía de una Tormenta podía corregir el desequilibrio causado por la sequía, o la energía del fuego forestal podía despejar el área removiendo árboles muertos y así permitir la aparición de vida nueva, las diferentes energías de la Naturaleza también podían mantener o restaurar nuestro equilibrio personal, gracias a la simbiosis entre todos los seres vivientes del planeta.

Ellos identificaron y dieron nombres a muchas de estas energías. Las llamaron Irunmole u Orisha.

Los yoruba se convirtieron en especialistas en estos diferentes aspectos de la naturaleza y se conectaron íntimamente con ellos, trabajando arduamente para tener acceso a ellos y utilizarlos de forma efectiva para poder restaurar o mantener el equilibrio de otros seres humanos…equilibrio que tenía en cuenta el vínculo simbiótico entre el hombre y la Naturaleza y la  relación natural del hombre con el mundo en que vivía.  Pero NUNCA olvidaron que el proceso de restaurar o mantener nuestro equilibrio personal era simplemente un puente que nos permitía conectarnos y lograr nuestro equilibrio con respecto al Todo más grande y más poderoso (la Naturaleza) del cual somos parte literal.

No fue hasta que la Cosmovisión Occidental - una visión del Hombre como un ser Superior a cargo de la naturaleza – se tejió insidiosamente en la idiosincrasia y cultura africana, que la causa y el efecto se distorsionaron.

El resultado de esta distorsión es el estado casi permanente de desequilibrio que reina en todo Occidente.

Cuando el abanico piensa que puede controlar el viento, sólo puede haber desequilibrio. Por eso, ahora que el Occidente se esta apropiando cada vez más de la habilidad de utilizar las energías Naturales que los yoruba descubrieron, las está utilizando de la forma que conoce, es decir, en vez de restaurar nuestro equilibrio y conectarnos con el Todo, lo que hace es separarnos del Todo con un egoísmo asombroso. Ese egoísmo y el hecho de  hacer caso omiso a la necesidad de equilibrio no sólo nos llevan a crear desequilibrios temporales en la Naturaleza, sino que crea desequilibrios en nosotros mismos porque nuestro estado vibratorio se encuentra en constante contradicción con respecto al Todo.  ¡Somos como el baterista que toca sin prestar atención a la melodía o a la orquesta!.

Para poder comenzar a comprender, sentir y restaurar nuestra relación adecuada con la Naturaleza, debemos nuevamente ser parte de ella.  Francamente no creo que eso sea posible en Chicago, Nueva York, Los Angeles, Londres o Paris. La energía impresionantemente disonante que emana de las grandes metrópolis del mundo occidental hace que esto sea virtualmente imposible.   Si quieres restaurar ese vínculo natural ES NECESARIO sacar tiempo para vivir en un ambiente Natural y tranquilo…un ambiente lejos de las bocinas de los automóviles, las sirenas, los trenes y los aviones;  un lugar donde puedas escuchar el sonido de las olas, los pájaros, las ranas, el viento jugueteando con las hojas de los árboles…un lugar donde, sin proponértelo, tu energía pueda fundirse con y ser parte del TODO de donde vinimos.  Es algo que debe sentirse y experimentarse para poder reconectarse con las energías en la forma racional y productiva que los yorubas entendieron.  

Es por eso que por más de 20 años la Fundación ha creado y conservado Espacios y Jardines Sagrados, anidados en el corazón de la Naturaleza y su pureza para realizar nuestro trabajo ceremonial y nuestras consagraciones.  Cuando uno está en armonía con el TODO, las conexiones que uno hace y las cosas que uno crea reflejan la pureza y fluidez natural de la energía.

Bendiciones,

Philip Neimark
Ifa Foundation, Ifa College

 
© 2010 Ifafoundation.org